Alberto Giacometti



Alberto Giacometti y su obra


Alberto Giacometti junto a sus famosas esculturas alargadas



1. ¿Quién es Alberto Giacometti?



Alberto Giacometti es un escultor y pintor suizo, se caracteriza por la representación  de la soledad y el aislamiento del ser humano en el siglo XX. En sus obras destacan las típicas esculturas de una delgadez extrema, muy reconocibles y admiradas como una excelente vuelta al arte figurativo.

Giacometti nació en un ambiente artístico, pues su padre, Giovanni fue un pintor impresionista. Alberto empezó en el ámbito del dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Ginebra y después se trasladó a París, cuando tenía gran presencia las vanguardias, allí entró en contacto con los cubistas, y más tarde con el grupo surrealista, allá por los años 30.

Es ahí donde Giacometti empieza a trabajar en dos de sus obsesiones: el simbolismo de los objetos y la reducción de la materia. Esto último se debe a una especie de leyenda ocurrida en el París de 1938, cuando tenía 37 años. El escultor se despidió de su amiga modelo Isabel Lambert y la observó alejarse en medio de la noche hacia el boulevard Saint-Michel. Giacometti vio cómo se hacía cada vez más pequeña, pero sin perder intensidad y conservando intacta su propia identidad.

A partir de ahí lo tuvo bastante claro: su objetivo era llegar allá donde la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.

En los años 40 empieza su periodo figurativo creando figuras humanas alargadas, extremadamente delgadas y de una superficie rugosa, áspera. Son seres humanos de tamaño natural, solos o en grupo, de extremidades muy largas, que parecen hechos sólo de piel y huesos.

Estas figuras en bronce también se pueden ver como un exacto reflejo de las experiencias ocurridas en la II Guerra Mundial.

2. Obra de Alberto Giacometti.
 

Alberto Giacometti se inicia en la escultura a través de la escultura realista, después de viajar a París y conocer las distintas vanguardias de la época, empezaría a interesarse por otro tipo de escultura.

En 1925, abandona la escultura realista y comienza a experimentar y realizar figuras de bronce de clara influencia cubista. Posteriormente, pequeñas esculturas realizadas en madera con forma de extrañas jaulas, le introducen en el movimiento surrealista. André Breton lo invita a entrar en el grupo de los surrealistas.
The palace at 4 a.m.



Para entonces, ya es considerado como uno de los escultores surrealistas más importantes de la década de 1930 reflejando en sus obras un gran ingenio e imaginación. Según los expertos, The palace at 4 a.m. de 1933 es su obra surrealista más brillante, esta se trata de una estructura arquitectónica que sostiene figuras y objetos suspendidos y expresa la subjetividad y la fragilidad del ser humano en el tiempo y en el espacio.

 
Hacia 1935 comienza a experimentar con otros métodos y a separarse del movimiento surrealista, sin cortar completamente sus relaciones con ellos. Vuelve a realizar una escultura más realista, esta vez, sin embargo, experimentando a base de reducir el volumen de las formas. Realizando dibujos de gente que pasea por las calles, Giacometti llegará a conseguir esas figuras alargadas con las que alcanzará la madurez de su estilo y caracterizarán su obra escultórica.

En 1943 conoce a Annette Arm, con quien se casará, a partir de entonces se convertirá, junto con el hermano de Alberto, en modelo de la mayor parte de las esculturas y pinturas que realizará el artista.

Durante los años que vivió en París, viajó a menudo a Stampa, su pueblo natal, donde residía la mayor parte de su familia. Durante esas estancias, Alberto realizó bustos de varios miembros de su familia. Sin embargo, será a partir de 1945, tras recuperar la mirada hacia la naturaleza y el entorno que le rodea, cuando realice la mayor parte de sus obras escultóricas y pictóricas.

En 1948, tras doce años de experimentación en el campo de la escultura y de la pintura, expuso sus obras. Las esculturas y pinturas de ésta época nos muestran figuras frágiles y melancólicas, a través de las cuales el artista pretende reflejar la debilidad de la existencia del ser humano, como si sus personajes estuvieran contínuamente amenazados por el medio que les rodea. Mujer en pie, 1948 y Caminante, 1947 reflejan perfectamente ese característico estilo de Giacometti.



2.1. La bola suspendida.

La bola suspendida



La Bola suspendida (1931) es una escultura construida como una jaula abierta de barras de hierro en cuyo interior se encuentra una esfera con una hendidura y colgada de una cuerda que roza la arista afilada de una pieza semirrecostada en forma de media luna. Existen dos versiones, una realizada en madera y otra en yeso.

Esta obra inaugura la entrada de Alberto Giacometti en el universo del objeto surrealista. Su descubrimiento causa un pequeño cataclismo en el seno de dicha corriente artística. La obra llega en un momento de inflexión de la poética surrealista, que evoluciona desde la exploración del universo interior, en los años veinte (los sueños, la locura, las experiencias hipnóticas) hasta el descubrimiento del universo real o inventado de los objetos, hacia 1930. En uno de los primeros números de la revista El surrealismo al servicio de la Revolución, en 1931, Giacometti daba cuenta del magnetismo inquietante con que le hechizaban los objetos.

El aspecto más innovador es la puesta en juego del movimiento real en la obra plástica hasta entonces estática. El movimiento podía concebirlo solamente si era real y efectivo, es más, quería dar la sensación de poderlo provocar.” El movimiento es real, y por lo tanto el medio temporal en el que se inscribe es el tiempo real de la experiencia, despojado de todos los límites y, por definición, incompleto. Este recorrido del movimiento real y al mismo tiempo textual es una función del significado del surrealismo en cuanto que se instala simultáneamente en los márgenes del mundo y en su interior, comparte las condiciones temporales, pero se forma bajo la presión de una necesidad interior.




2.2. El hombre que camina.




El hombre que camina (1961) es una de las obras más características de Alberto, la cual forma parte de la colección de las figuras alargadas que conforma la obra de este autor.


Para simbolizar al ser humano, Alberto Giacometti modela a este personaje filiforme, cuyas extremidades se alargan, potenciando su extrema delgadez. Con ello transmite una sensación de fragilidad pero a la vez de una sólida determinación.

Las figuras de Giacometti, reducidas lo mínimo sólo para tenerse en pie, captan la atención de los observantes con gran facilidad. Este "hombre que camina" viste una piel rugosa. Lo demás es hueso. No tiene identidad y es a tamaño natural, lo que nos hace identificarnos con la figura.

Al parecer estas figuras anoréxicas vienen de cuando el escultor tenía 37 años. En París se despidió de su amiga modelo Isabel Lambert y la observó alejarse. Giacometti vio cómo se hacía cada vez más pequeña, pero sin perder intensidad y conservando intacta su propia identidad.
Su objetivo con estas obras era llegar donde la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.

Sartre define a la obra de Alberto Giacometti "el artista existencialista perfecto", "a mitad de camino entre el ser y la nada".

Pero el artista supo captar el momento decisivo de un hombre que revela en sí una fuerza vital basada en su propio impulso. Y sus pies, anclados en el suelo, lo conectan a la tierra, con la que se convierte en uno.


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