EXPOSICIÓN ALBERTO GIACOMETTI: RETROSPECTIVA


EXPOSICIÓN ALBERTO GIACOMETTI: RETROSPECTIVA

Esta exposición recorre cuatro décadas de producción de Alberto Giacometti (1901–1966), uno de los artistas más influyentes del siglo XX. A través de más de 200 esculturas, pinturas y dibujos, la muestra ofrece una perspectiva singular de la obra de este autor. Se trata de unos de los artistas más importantes del movimiento surrealista.

La figura humana es un tema fundamental en el trabajo del artista. A lo largo de los años, realiza obras inspiradas en las personas de su entorno, principalmente en su hermano Diego, su esposa Annette, sus amigos y amantes.

Las ideas de Giacometti sobre cómo abordar la figura humana se han convertido en cuestiones esenciales en el arte contemporáneo para las siguientes generaciones de artistas.

La exposición cuenta con unas 7 salas:

-Sala 205: EL ENCUENTRO CON EL CUBISMO EN PARÍS

En 1922 Giacometti se traslada a París para estudiar en la Académie de la Grande Chaumière. Pronto descubre las obras poscubistas de Jacques Lipchitz, Henri Laurens, Constantin Brancusi o Pablo Picasso, y ello le llevará a abandonar su formación clásica y a adoptar el vocabulario formal del Neocubismo con un estilo muy personal, centrado en la figura humana.

La estatuaria clásica griega de las Cícladas que Giacometti contempla en el Louvre le impulsa a explorar la relación entre la escultura y el plano.

En 1927 estas influencias se sintetizan en Mujer cuchara (1927). Creada en yeso y posteriormente fundida en bronce, Mujer cuchara es la pieza más monumental y totémica de este período. En ella interpreta la geometría característica del Cubismo, las formas estilizadas del arte africano y la simplicidad formal de la modernidad europea.

Las esculturas de Giacometti se hacen cada vez más complejas y abstractas hasta culminar en unas formas aplanadas, carentes de volumen, cuyas pulidas superficies aparecen levemente grabadas o esculpidas. Esto se aprecia en Cabeza que mira (1929), pieza plana de yeso que presenta una sutil cavidad, casi imperceptible, que evoca un ojo.

-Sala 206: EL SURREALISMO

La corriente artística y literaria del Surrealismo, que surge en 1924 y permanece activa hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, tiene su epicentro en París. Entre sus premisas se encuentra la erradicación del racionalismo moderno a través del poder de la imaginación. Influidos por el psicoanálisis y los mitos, los surrealistas creen que adentrarse en el inconsciente puede revelar complejos mundos interiores en torno a sexualidad, deseo y violencia. Giacometti adopta la investigación del lenguaje de los sueños que propugnan los surrealistas. Pronto la influencia surrealista se plasma en creaciones oníricas e imágenes insólitas que representan universos interiores.

El estilo sumamente personal de Giacometti despierta el interés de prestigiosos artistas e intelectuales: Dalí considera Bola suspendida (1930–31) como prototipo del “objeto de funcionamiento simbólico” surrealista de contenido violento o erótico. Objeto desagradable (1931) es la escultura más emblemática de esta tendencia.

Mujer degollada (1932) evidencia la adscripción de Giacometti al Surrealismo a principios de los años treinta. Al artista le interesan las maneras en que este movimiento se adentra en el inconsciente, introduciendo temas complejos, como los estados antagónicos de dolor y éxtasis, lo humano y lo no humano, y también motivos que generan atracción y repulsión al mismo tiempo, como la forma de los insectos.

-Sala 207: LAS “JAULAS” Y LA DELIMITACIÓN DEL ESPACIO; LA CALLE Y LA PLAZA

En 1935 Alberto Giacometti se distancia del movimiento surrealista y vuelve a trabajar a partir de modelos, como su hermano Diego y la modelo profesional Rita Gueyfier, que posan para él a diario. El escultor explora diversas técnicas de modelado y pasa de trabajar por facetas geométricas a hacerlo de una manera más expresiva.

En la década de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, Giacometti comienza a crear figuras alargadas, escuálidas, de contornos desdibujados, que sugieren la figura humana vista desde lejos. Afirma que las figuras grandes le parecen falsas y que solo cuando las representa largas y estilizadas son fieles a su visión del ser humano.

Giacometti vuelve a utilizar el motivo de la caja a principios de los años cincuenta en numerosas obras, como Figurita entre dos casas (1950). La caja alude de una manera gráfica a diferentes conceptos relacionados con el existencialismo, como confinamiento, aislamiento o angustia, que pueden estar vinculados a la propia existencia. Esta misma idea subyace en las obras sobre el tema de la “jaula” con el que ya había experimentado durante su etapa surrealista, como ejemplifica La nariz (1947), cuyo extremo perfora literalmente el marco que la delimita, asomándose al exterior.

En El bosque (1950), Giacometti reúne una serie de figuras alargadas, ancladas a una base, de manera que se asemejan en cierto modo a un bosque. Están de pie, como si fueran árboles, y próximas entre ellas; sin embargo, no se tocan.

-Sala 209: EL EXISTENCIALISMO: FIGURAS ALARGADAS Y FILIFORMES

A partir de 1945 Giacometti crea sus obras más conocidas. Se trata de figuras extremadamente alargadas y estilizadas en las que revela sus nuevas inquietudes en torno al espacio y la distancia entre el modelo y el artista. Había regresado a París y el cambio de escala le permite expresar la angustia derivada del trauma de la guerra.

La exposición subraya el interés del artista por los materiales moldeables como el yeso o la arcilla. Mientras que muchos creadores se limitan a utilizar el yeso como material intermedio en la producción de una obra —después de modelar el objeto en arcilla y antes de fundirlo en bronce—, Giacometti lo emplea a menudo tanto para la forma inicial como para la pieza definitiva.

Cuando Giacometti es seleccionado para representar a Francia, su país de adopción, en la Bienal de Venecia de 1956, el artista reflexiona sobre cómo puede mostrar su trabajo en aquel espacio. Quiere realizar piezas nuevas para ser exhibidas junto a otras anteriores y crea la serie que titula Mujeres de Venecia. Esta exposición supone una ocasión excepcional para contemplar este conjunto de ocho esculturas de yeso, algunas pintadas, que desde el pasado mes de junio acoge el recién inaugurado Instituto Giacometti de París.

-Sala 208: LA INVESTIGACIÓN SOBRE LA ESCALA

En este espacio se puede contemplar un conjunto de obras que resume las diferentes escalas en las que Alberto Giacometti trabaja a partir de 1938.  En 1957 prosigue esta indagación en la escala y la figura humana con La pierna (1958), una monumental pieza encaramada a un pedestal sumamente alto.

Hombre que camina (1960) es la obra más conocida de Giacometti y una de las esculturas más célebres del siglo XX. En la década de 1930 había creado Mujer que camina, una figura femenina dando un paso adelante exquisitamente esbozado, y a partir de ese momento, había centrado su atención en la representación de ese gesto, inspirándose en la tradición de las estatuas egipcias. El artista es consciente de que ve a la mujer únicamente como una estatua desproporcionada e inmóvil, ídolo de la existencia, mientras que el hombre está en movimiento, avanzando con paso firme.


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