El vanguardismo de Pablo Gargallo


Kiki de Montparnasse (1928)



1. ¿QUIÉN ES PABLO GARGALLO?



Greta Garbo con pestañas (1930)


Pablo Gargallo, considerado el precursor de la escultura en hierro, nació el 5 de enero de 1881 en Maella (Zaragoza). Su predilección por el hierro proviene de su padre el cual poseía una herrería y donde aprendió a manipular este.

Al emigrar su familia a Barcelona allá por el 1888 comienza su formación artística en el taller del escultor Eusebio Arnau y con el escultor Venancio Vallmitjana en la Escuela de Bellas Artes de La Lonja. En estos momentos en Barcelona se estaba desarrollando el Modernismo, Gargallo frecuentó las tertulias y mantuvo contactos con jóvenes artistas como Novell o Picasso.

Por ello, sus primeras obras tienden al modernismo. Por ejemplo, Pequeño desnudo o la decoración de edificios barceloneses que realizó en colaboración con el arquitecto Doménech i Montaner, como son el Hospital de la Santa Cruzy San Pablo y el Palau de la Música catalana.

En 1903 obtiene una beca que le permite ir a París a completar sus estudios.. Allí encontró las formulaciones estéticas del Cubismo, asimiló sus sistemas expresivos y buscó el esquematismo y la esencialidad de figuras y objetos, tratando de encontrar la auténtica expresión tridimensional de los postulados cubistas.

Empezó ya a usar los materiales metálicos como la chapa, el cobre o el hierro. En torno a 1911-1912 realizó las primeras máscaras, que son piezas de gran simplificación, elaboradas con chapas recortadas, ligadas a la estética cubista.

Continuó utilizando las chapas metálicas y con ellas empezó a sugerir volúmenes y exaltar los huecos, los vacíos, mediante la penetración de la luz en los interiores. Como por ejemplo, El violinista, La toilette o El hombre de la pipa.

En 1920 es nombrado profesor de Escultura de la Escuela Técnica de Oficios Artísticos de la Mancomunidad de Cataluña, y en 1923 será destituido por razones políticas al proclamarse la dictadura de Primo de Rivera.

La bañista
A partir de este momento su estilo adquiere una dimensión muy personal, derivada de la interpretación del cubismo. Se basa en la búsqueda de una síntesis formal de la figura en planos geométricos siempre fluidos y en la valoración de los huecos. Sustituye los materiales convencionales como el mármol o el bronce por las láminas de hierro forjado. Crea un nuevo lenguaje escultórico introduciendo el vacío como volumen y dotando a sus figuras de gran dramatismo expresivo.

Alguna de sus obras más representativas son Aguadoras, El joven de la Margarita, El Arlequín o La Bañista.

Aquí podemos ver un pequeño documental sobre Pablo Gallardo, en el cual nos ha llamado mucho la atención el final del mismo, cuando asegura que a pesar de estar cansado y fatigado debido a que trabaja más de 12 horas diarias, no puede parar porque ama su trabajo.

https://www.youtube.com/watch?v=owWn8Kj7d5U


2. LA OBRA DE PABLO GALLARDO.



Durante toda su carrera mantuvo simultáneamente dos estilos aparentemente muy distintos: uno clásico, relacionado con el modernismo en sus inicios y con el novecentismo, y un estilo vanguardista en el que experimenta con la desintegración del espacio y las formas y los nuevos materiales, en el cual más ha destacado.

Gargallo, influido por su amigo Julio González, desarrolló un estilo de escultura basado en la creación de objetos tridimensionales de placas planas de metal, usando también papel y cartón. También realizó esculturas más tradicionales en bronce, mármol y otros materiales. Entre sus obras se encuentran tres piezas inspiradas en Greta Garbo: Masque de Greta Garbo à la mèche, Tête de Greta y los Garbo avec chapeau y Masque de Greta Garbo aux cils.

Sin embargo, su obra más conocida es su pieza maestra El profeta, de 1933, que es la culminación de su concepto cubista de escultura del hueco y a la vez posee una energía expresionista que conecta, por el tema tratado, con la tradición bíblica.

Se le considera uno de los artistas más significativos de la vanguardia española e internacional.



2.1. El Gran profeta de Pablo Gallardo.


El Profeta (1933)


Pablo Gargallo fue un escultor y pintor español (nacido en Maella, Zaragoza), uno de los más destacados del primer tercio del siglo XX, siendo uno de los precursores en el empleo del hierro. Aunque estudió en Barcelona, fue trascendental para su carrera el haber viajado a París, lugar en el que conoció y estudió la obra de Rodin, aunque su influencia determinante va a ser el conocimiento de la obra cubista de Picasso.

En sus trabajos con los materiales metálicos, Gargallo recoge la herencia de los herreros y rejeros de siglos pasados que tantas y extraordinarias manifestaciones artísticas dejaron en la historia de España. Su arte y el fuego crearon superficies dóciles y versátiles que plasman de forma perfecta el impacto del mundo interior sobre la forma exterior, que es lo que le interesa representar.

La gran aportación de Gargallo fue la valoración del aire, ya que para él el hueco de la escultura, el vacío, va a tener más relevancia que el propio volumen, dando de los dos aspectos de la obra especial relevancia al espacio vacío. Sus esculturas son siempre figurativas, pero está anunciando la abstracción posterior, gracias a las formas que se van a ir estilizando cada vez más.

Esta obra, “El Profeta”, fue el colofón de su carrera. La realizó en 1933 y hoy se encuentran siete ejemplares numerados. Es considerada como una de las obras cumbres de la plástica contemporánea, a la que llegó tras varios años de ensayos y donde suprime la materia inerte, el metal superfluo y la limita a las líneas y planos esenciales para reflejar su expresividad. A pesar de lo recio de su aspecto, abundan en la figura las cavidades y los salientes, de modo que la luz desempeña un papel decisivo a la hora de sugerir el bulto completo y originar diferentes zonas claroscuristas. Las placas de hierro aparecen interrumpidas por los huecos, curvándose y volviéndose sobre sí mismas. Fue el momento culminante en la formación de ese volumen virtual que constituyó la gran ambición de Gargallo, en cuya búsqueda sacrificó los tradicionales conceptos de superficie continua y masa plana y sin cuya actuación es imposible concebir la escultura posterior de Henry Moore.

Se trata de una colosal figura de 2,35 metros de altura, lo que la hace aún más imponente y voluminosa, pese a que el mensaje que nos quiere transmitir no sea temporal ni humano, sino profundamente espiritual. Destaca sobremanera la enorme oquedad de la boca abierta, que parece gritar, como correspondería a las voces de la Biblia que anuncian lo que está por venir, es decir, los profetas, que es lo que al artista le interesa representar. Además, la expresión de la figura queda resaltada por la mano que se eleva por encima, como advirtiendo a la gente de lo que está por venir. Debido a este interés por la expresión, pese a que la obra se inscribe dentro de la influencia cubista, podríamos clasificarla perfectamente como expresionista.


2.2. El violinista.


El violinista (1920)

Entre 1920 y 1923, Gargallo trabajó con el plomo, especialmente en forma de chapa, incorporando este material denso y dúctil en la construcción de sus esculturas dada su gran maleabilidad y la facilidad con que se podían realizar las uniones por soldadura. Creó un total de nueve esculturas experimentando con ese metal, pero El violinista es la única que incorpora en su interior un alma de madera.

Pablo Gargallo creó El violinista clavando y soldando planchas de plomo sobre un alma de madera. Actualmente, la superficie de la escultura está deformada con ampollas debido a la incompatibilidad entre los dos materiales.


2.3. La gran bailarina


Gran bailarina (1929)
La Gran Bailarina del MNAC es una de las tres versiones realizadas por Pablo Gargallo. Una escultura vanguardista de lenguaje realista pero con soluciones propias del cubismo. 

La Gran Bailarina reúne todas aquellas innovaciones que el artista aragonés había introducido en el arte escultórico marcando, no solo a la escultura de vanguardia, sino a la escultura europea del s. XX.

A finales de los años 20, Gargallo había conseguido renovar las técnicas escultóricas e incorporar materiales como el bronce, plomo y hierro, antes considerados poco dignos para el arte de la escultura. En 1929, fue cuando la utilización de la chapa de hierro eclosionó. Ahora era capaz de multiplicar el volumen de las figuras por tres y, por ende, elevar la dificultad técnica del modelaje. De esta manera, la Gran Bailarina se forma con planchas de hierro de más de 2 cm de grueso.

Por otro lado, en la llamada “época del hierro” (1929-1934), con la renovación del material convergía una nueva representación del volumen: el vacío y lo cóncavo para crear figuras tridimensionales. Este avance conceptual es el que marcará un punto de inflexión. Esta nueva expresión de la realidad la empezó a estudiar unos años antes en su “segunda época de cobre”, circa 1924; años en que modeló tres bailarinas de menor tamaño. Esta inversión del volumen, el modelaje en negativo o la sustitución de la masa por el vacío, modifica la percepción de los espacios internos y externos de la escultura. Por consiguiente, a pesar de que el tema de la danza ya había sido tratado, nunca había conseguido transmitir de forma tan elevada el movimiento y el ritmo mediante el vacío. La Gran Bailarina III es el resultado de estos nuevos recursos de representación.
Gargallo tenía un gran afecto por el universo temático de la danza; así, aparte de ser la mujer mayoritariamente el centro de sus composiciones, las bailarinas fueron una fuente importante de inspiración. Para la creación de toda la producción de bailarinas de ballet, elaboró bocetos de la artista Teresina Boronat y, para las bailarinas españolas, de Antonia Mercé. Estos dibujos le servirían para preparar las esculturas y visionarlas desde diversos ángulos.



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